El sistema de salud
que Espera por Nacer
— lleva tiempo esperando...
En todo el sistema de salud público en México — IMSS, ISSSTE, IMSS-Bienestar, Secretaría de Salud — y buena parte del privado no logran garantizar el abasto de medicamentos ni insumos médicos. El oligopolio que existía antes del modelo actual generaban sus propios problemas de acceso, especialmente fuera de las grandes ciudades y corrupción. El mercado farmacéutico global llega a $1.7 billones anuales mientras millones no pueden conseguir una pastilla. No es un accidente. Es un sistema que puede resolverse — con tecnología, procesos y alianzas que ya existen; dejar de lado los Egos.
Hay una escena que se repite en hospitales de todo México, en clínicas de Buenos Aires, en farmacias de Lima y en consultorios de toda América Latina: la persona que llega con su receta, que pagó el transporte para llegar, que esperó semanas para la cita, que necesita el medicamento para seguir vivo o para mantener su calidad de vida — y escucha que no hay existencias. No hoy. No esta semana. Quizás el mes que viene. El sistema médico hizo bien su trabajo: diagnosticó, recetó, orientó. Y en el último metro de la cadena, cuando el medicamento debía llegar a las manos del paciente, el sistema falló.
Ese problema no es exclusivo del sistema público. Tanto el sector de salud pública en su totalidad — IMSS, ISSSTE, IMSS-Bienestar, Secretaría de Salud, SEDENA, Pemex Salud — como buena parte del sector privado enfrentan hoy dificultades reales para garantizar el abasto de medicamentos e insumos médicos. Hospitales privados, clínicas de especialidad, aseguradoras y sus redes de farmacias convenio también reportan quiebres de stock en productos críticos. Y la cadena no se limita a medicamentos: material quirúrgico, reactivos de laboratorio, equipos de diagnóstico, insumos de enfermería — todo el ecosistema de insumos de salud sufre las mismas fricciones estructurales. Las farmacias intrahospitalarias, esa, esa es otra historia también.
Lo que existía antes del modelo actual no era un sistema funcional — era un modelo con monopolios concentrados y sus propias formas de corrupción, que al menos garantizaba cierto nivel de abasto en las grandes ciudades. Fuera de ellas, el acceso siempre fue precario. El problema de que los medicamentos no lleguen a las personas en municipios medianos y pequeños tiene décadas, no años. Lo que cambió con cada reforma es quién se lleva el beneficio del sistema roto — no el paciente, que sigue sin su medicamento. Al final, de lo que se habla en este artículo no son solo cadenas de suministro ni procesos de compra. Se habla de tratamientos que permiten a las personas vivir mejor, con menos dolor, con más años productivos y con dignidad.
Este artículo es un diagnóstico hecho desde múltiples disciplinas — logística, tecnología, economía, política de salud, finanzas y experiencia directa en el sector — con los datos más recientes de las organizaciones más serias del mundo, incluyendo IQVIA, IMS Health, Knobloch y organizaciones multilaterales. Y termina donde debe terminar: en las soluciones que ya existen, que ya funcionan, y que el sector necesita adoptar a una velocidad que el problema exige.
El contexto que agrava todoLa bomba demográfica y epidemiológica que ya detonó
Antes de entrar al diagnóstico del sistema, hay que entender la magnitud del reto que ese sistema debe enfrentar. El envejecimiento de la población latinoamericana y global no es una tendencia futura: ya está ocurriendo, y acelera. Desde inicios del año 2000 ya se exponía esta situación en foros de salud privados y públicos.
En México, el porcentaje de población mayor de 60 años pasará del 12% actual al 22% en 2050, según proyecciones del CONAPO. Ese grupo etario concentra la mayor prevalencia de enfermedades crónicas — diabetes, hipertensión, insuficiencia renal, enfermedades cardiovasculares y oncología — y es el principal consumidor de medicamentos de especialidad. El mercado de oncológicos globales alcanzó $213 mil millones en 2023 y crece más rápido que cualquier otra categoría terapéutica. Los medicamentos antidiabéticos sumaron $168 mil millones. Los inmunomoduladores $166 mil millones. Estas tres categorías solas representan el 40% del mercado farmacéutico global — y las tres están en el corazón de las enfermedades crónicas que más afectan a las poblaciones latinoamericanas.
El problema 01La cadena de suministro: rota por diseño y mantenida por costumbre
El dato del IMSS que no surtió 11 millones de medicamentos en 2024 es revelador, pero incompleto. ISSSTE, IMSS-Bienestar, los hospitales de la Secretaría de Salud en los estados y las redes de atención privada enfrentan el mismo problema con distintas intensidades. Hospitales privados de tercer nivel en Ciudad de México reportan quiebres de stock en oncológicos, biológicos y reactivos de laboratorio que no están relacionados con el proceso de compra pública — sino con la misma cadena de distribución privada que falla en un sistema sin trazabilidad ni planificación de demanda real.
El problema se extiende a todos los insumos de salud: material quirúrgico, guantes, jeringas, suturas, reactivos de diagnóstico, equipos de monitoreo. En 2024, médicos en hospitales de especialidad reportaron hasta seis meses sin insumos básicos como batas quirúrgicas. El desabasto de medicamentos es el más visible — pero el ecosistema completo de insumos sufre las mismas fallas estructurales: compra mal planeada, almacenamiento ineficiente y distribución sin trazabilidad.
Y antes del modelo actual, el problema tampoco estaba resuelto. Lo que existía era un oligopolio de distribuidores — el 70% de las compras públicas concentrado en tres distribuidores — que garantizaba cierto abasto en hospitales de las grandes ciudades, pero que excluía sistemáticamente a los municipios medianos y pequeños. La persona con diabetes en Oaxaca o en Chiapas nunca tuvo fácil acceso a su insulina de especialidad, independientemente del modelo de gobierno de turno. Cambiar quién concentra el beneficio del sistema sin resolver la arquitectura de distribución produce exactamente el resultado que se documenta: el mismo desabasto con distintos culpables. Las farmacéuticas también tienen su parte de culpa en todo este modelo.
El proceso de compra 2025-2026 anulado por $724 millones de dólares en sobreprecios es el síntoma más reciente — no la causa. La causa es un sistema sin capacidad de planificación de demanda real, sin almacenamiento inteligente, sin distribución de última milla con trazabilidad y sin métricas de resultado para el paciente como criterio de evaluación.
El problema 02Precios: los laboratorios cargan lo indebido, los intermediarios multiplican y el paciente paga todo
México es uno de los pocos países de la OECD que no regula el precio de los medicamentos de prescripción. El resultado es predecible: el precio de lista de los medicamentos de marca en México es consistentemente más alto que en países con marcos regulatorios de referencia de precios, como Chile, España o Canadá. Los laboratorios justifican sus precios de lista con inversión en I+D — pero esa justificación tiene una grieta: estudios documentados muestran que entre el 20% y el 30% de los costos que los laboratorios internacionales cargan a los mercados como México corresponden a gastos de mercadotecnia, representantes médicos, congresos y actividades que no aportan valor clínico al paciente.
Los distribuidores e intermediarios agregan otra capa. El modelo de distribución farmacéutica en México está concentrado: históricamente, el 70% de las compras públicas se concentraba en tres distribuidores. Esa concentración — criticada justamente como riesgo de corrupción — también producía eficiencia negociadora. Al desmantelarlo sin reemplazarlo con un modelo mejor, los precios subieron y la capacidad de distribución bajó.
Para el paciente que no tiene cobertura pública suficiente, el resultado es directo: los medicamentos para enfermedades crónicas subieron más del 6% anual en 2024-2025 en México, mientras que el gasto de bolsillo en medicamentos ya representa el 52.7% de todo el gasto privado en salud. Doce millones de mexicanos gastaron más del 30% de su ingreso anual en salud en 2024, principalmente en medicamentos y consultas privadas.
La brecha no es solo de dinero. Es de arquitectura del gasto. Con menos de un tercio del promedio OECD por persona, México intenta operar un sistema de salud fragmentado en al menos cuatro subsistemas (IMSS, ISSSTE, IMSS-Bienestar, Secretaría de Salud) que no comparten información, no coordinan compras con eficiencia consistente y no tienen un expediente único del paciente operando a escala nacional. El resultado: el mismo paciente con diabetes paga múltiples veces por el mismo diagnóstico en distintos puntos del sistema, mientras el sistema no tiene visibilidad de qué medicamentos tiene ese paciente, qué tomó antes, qué le funcionó y qué le hizo daño.
Mexico Business News 2025 · OECD Health Statistics 2024 · CONEVALEl problema 03Farmacovigilancia y trazabilidad: lo que no se mide no se puede corregir
La Organización Mundial de la Salud estima que el 10% de los medicamentos en circulación en países de ingresos medios y bajos son falsificados o de calidad inferior. En América Latina, la cifra puede ser más alta en algunos mercados locales. El mecanismo es conocido: cuando hay desabasto en el sistema público, aparecen vendedores informales, importaciones no certificadas y medicamentos con cadena fría rota que llegan al paciente como si fueran seguros.
La trazabilidad completa del medicamento — desde la planta de fabricación hasta la mano del paciente — existe como tecnología disponible hoy. Códigos QR en empaque primario, blockchain para registro inmutable de custodia, sensores IoT en almacenamiento y transporte, y sistemas de validación de autenticidad en el punto de dispensación son herramientas maduras. Lo que no existe es el mandato regulatorio y la infraestructura para implementarlas a escala en toda la cadena.
La farmacovigilancia — el sistema que detecta reacciones adversas, lotes defectuosos e interacciones no previstas — opera con subregistro crónico en la mayoría de los países de la región. México tiene un sistema formal de reporte, pero la tasa de notificación espontánea está estimada entre el 1% y el 10% de los eventos reales, según estudios publicados en la Revista Panamericana de Salud Pública. Los problemas que el sistema no reporta no se corrigen.
El problema 04Aseguradoras, bancos e ISES: el potencial sin explotar de la cobertura financiera
Las aseguradoras médicas privadas, los bancos con convenios de salud y los ISES no son actores externos al problema — son parte de él. Sus propios canales de abastecimiento de medicamentos para beneficiarios también enfrentan quiebres de stock, sobreprecios de proveedores y, en algunos casos, corrupción interna: compras a distribuidores con vínculos con funcionarios de compras, precios negociados que no reflejan las mejores condiciones del mercado, y contratos de exclusividad que favorecen a proveedores ineficientes. El problema de integridad no es solo del gobierno — también vive dentro de los actores privados del sistema.
La banca comercial en México históricamente ignoró el sector salud como segmento financiero específico. No había productos financieros diseñados para las particularidades del gasto en salud: crédito para tratamientos crónicos de largo plazo, financiamiento de medicamentos de alto costo, opciones de solidaridad familiar para cubrir a múltiples miembros del hogar. En 2005, se impulsó con una reconocida marca de tarjetas de crédito una tarjeta de salud solidaria por familiares — conceptualmente muy avanzada para su época — que no escaló porque el ecosistema tecnológico, regulatorio y de adopción digital no estaba maduro. La visión existía. La ejecución a escala no fue posible en ese momento.
Recientemente, un retailer con un banco pequeño y la competencia de otra marca de tarjetas habilitaron el CBT (Comisionistas con Base Tecnológica) aplicado a servicios de salud — haciendo posible lo que en 2005 era una aspiración. La ironía es que el modelo más simple terminó llegando antes que el más sofisticado. El CBT democratiza el punto de venta financiero, pero no resuelve por sí solo la integración completa con cobertura de seguro, programas de laboratorios y seguimiento de adherencia que el paciente crónico necesita.
Lo que falta no es la regulación — la CNBV permite hoy productos más ambiciosos que los que existen. Lo que falta es la alianza entre los actores que ya tienen las piezas: el banco que tiene la línea de crédito, la aseguradora que tiene la cobertura, el grupo que tiene al beneficiario, el laboratorio que tiene el programa de apoyo al paciente, y el modelo de fulfillment farmacéutico que tiene la cadena logística y el CRM. Ninguno lo tiene todo. Juntos, lo tienen todo.
"El desabasto en México no es un problema de falta de dinero. Es un problema de arquitectura del sistema: cómo se planea, cómo se compra, cómo se distribuye y cómo se controla. Con el presupuesto que existe, un sistema bien diseñado puede producir resultados radicalmente mejores."— Análisis combinado · Fundar Centro de Análisis 2025 · PAHO · Mexico Business News
El problema 05Tecnología que reporta pero no resuelve — y la IA que podría cambiar eso
El gobierno lanzó en 2025 plataformas digitales para que ciudadanos e instituciones puedan consultar el avance de las compras de medicamentos y el estado de las entregas. Es un paso en la dirección correcta. Pero la distancia entre "poder consultar el avance de una compra" y "tener un sistema de salud interoperable que sabe en tiempo real qué medicamento tiene cada paciente, qué hay en cada almacén, qué se necesita en los próximos 30 días y dónde hay riesgo de desabasto" es enorme.
El expediente clínico electrónico en México está implementado de forma fragmentada: el IMSS tiene su sistema, el ISSSTE el suyo, las instituciones privadas los suyos. Ninguno habla con los otros de forma sistemática y segura. El paciente que se atiende en el IMSS y consulta un especialista privado no tiene garantizado que su historial clínico completo esté disponible en ambos contextos. En el ámbito farmacéutico, esto significa que el patrón de adherencia, los medicamentos activos y las interacciones posibles no son visibles para todos los actores que los necesitan.
La inteligencia artificial puede transformar tres aspectos críticos de este sistema: la predicción de demanda de medicamentos (evitando el sobrestock en unos puntos y el desabasto en otros), la detección de patrones de corrupción en licitaciones (identificando sobreprecios, empresas fantasma y patrones anómalos antes de que ocurran), y la adherencia terapéutica (prediciendo qué pacientes están en riesgo de abandonar su tratamiento y activando intervenciones proactivas). Todas estas capacidades existen y están en producción en otros mercados. En México, están en paper o en proyectos piloto sin escala. Irónicamente sin IA existen pero no interconectados.
La vueltaEl ecosistema de salud inteligente que puede reconstruir este sistema
La buena noticia — y la que el diagnóstico anterior no hace evidente — es que ninguno de estos problemas carece de solución documentada y probada. Hay países, organizaciones, empresas y modelos que ya resolvieron partes significativas de lo que México y América Latina no han resuelto aún. El reto no es inventar. Es conectar.
Entregar el medicamento al paciente cuando lo necesita, en su casa o en un punto cercano, es económicamente más eficiente que almacenarlo en un sistema con pérdidas por caducidad, rotura de cadena fría y gestión ineficiente. Con tecnología y procesos adecuados — con o sin IA — esto era viable hace dos décadas. Con IA, es exponencialmente más poderoso. La tecnología no es el hero de esta historia. El proceso correcto, aplicado con rigor y orientado al paciente, es el hero. La IA multiplica ese valor.
El caso que ya demostró que funcionaDe un 01800 a un ecosistema: el modelo que México construyó antes de que Amazon lo pensara
Antes de hablar de las soluciones como si fueran hipotéticas, vale recordar que en México ya existió un modelo que resolvió, de forma probada y medible, exactamente las fricciones que se describen en este artículo. No en el sector público. En el sector privado. Construido desde cero por alguien que no encontró el medicamento de especialidad para su hija en ninguna farmacia y decidió que eso no podía seguir así.
Ese modelo — documentado en detalle en el artículo anterior de este blog — creció de $30 a $250 millones de pesos anuales. Integró 68 laboratorios con programas de apoyo a pacientes. Conectó 10 aseguradoras, 4 bancos e instituciones de salud del sector público. Redujo los días de cobranza de 98 a 25. Redujo los costos operativos del 28% al 16%. Construyó desde cero un CRM farmacéutico, un ERP, un WMS con cadena fría, un TMS y un sistema de BI — porque ninguno del mercado servía para este modelo específico. Y lo hizo antes del año 2000, con las herramientas disponibles en esa época.
La pregunta no es si ese modelo puede existir. Ya existió. La pregunta es: con la tecnología que hoy está disponible — IA, IoT, telemedicina, receta electrónica regulada, pagos digitales masivos, blockchain, APIs abiertas de laboratorios — ¿qué escala puede alcanzar ese modelo? La respuesta, si se diseña con la visión integral correcta, no tiene precedente en México. Puede ser el modelo que resuelve lo que el sistema público no ha podido resolver — no como sustituto, sino como complemento inteligente que llega donde el sistema llega tarde o no llega.
La conclusiónNo es un problema sin solución. Es un problema sin sistema.
Los cinco problemas documentados en este artículo no son independientes. Se refuerzan mutuamente en una cadena donde la corrupción en la compra produce desabasto, el desabasto produce gasto de bolsillo, el gasto de bolsillo produce abandono terapéutico, el abandono produce complicaciones crónicas, y las complicaciones producen hospitalizaciones que cuestan al sistema varias veces lo que habría costado el medicamento oportuno.
Por esa misma razón, las soluciones también se potencian mutuamente. La trazabilidad que elimina el medicamento falsificado también genera los datos que la farmacovigilancia necesita. El modelo de entrega bajo demanda que reduce el inventario en almacén también permite donar lo que está próximo a caducar a quienes no tienen recursos. La compra directa al laboratorio que elimina intermediarios — sea por seguro público, seguro privado o pago de bolsillo, por medicamento de patente o genérico bien establecido — abre el acceso a precios más justos, refuerza la trazabilidad, controla la seguridad y rompe la corrupción en los dos sectores simultáneamente.
Cuando el paciente puede conseguir su medicamento por múltiples canales a precio justo — el sistema público que mejora su cadena, la aseguradora que valida en tiempo real, el banco o el CBT que financia el tratamiento crónico, el laboratorio que ofrece su programa de lealtad sin cargar gastos de marketing indebidos — gana el paciente con medicamento disponible y precio accesible. Ganan las aseguradoras, las ISES y los bancos que pagan mejores precios y mitigan la corrupción de sus propias cadenas. Ganan los laboratorios con relación directa y datos reales de adherencia. Y gana el sistema de salud con menos hospitalizaciones por abandono terapéutico. La economía de escala beneficia a todos.
Con o sin IA, la tecnología y los procesos adecuados tienen la capacidad de resolver esto. Con IA, el salto es exponencial: más predicción, más personalización, más integración, más simplicidad desde el momento en que el paciente necesita atención hasta que recibe su medicamento. El ecosistema de salud inteligente no es el futuro — es el presente mal distribuido.
Para el laboratorio: ¿qué porcentaje de su precio de lista corresponde a valor clínico real — y qué porcentaje a gastos de marketing y representantes médicos que no aportan valor al paciente?
Para la aseguradora y la ISES: ¿cuánto cuesta el abandono terapéutico de sus beneficiarios en siniestralidad y reingresos — y cuánto cuesta en comparación un modelo de entrega domiciliaria con adherencia proactiva?
Para el banco y las marcas de tarjetas: ¿el CBT habilitado es el límite de lo que pueden ofrecer al sector salud — o el punto de partida para el producto financiero completo que el mercado nunca tuvo?
Para el gobierno: ¿qué parte del sistema puede construirse en alianza con el sector privado — sin renunciar al rectoría regulatoria pero aprovechando la capacidad logística y tecnológica que el Estado no tiene ni necesita construir solo?
Este artículo fue construido con datos de: IQVIA Global Use of Medicines 2024–2025 · WHO / PAHO 2024 · Fundar Centro de Análisis 2025 · CONEVAL 2024 · IMSS Cuenta Pública 2024 · Mexico Business News 2025 · Secretaría Anticorrupción México 2025 · Lancet Digital Health 2023 · JAMA 2024 · OECD Health Statistics 2024 · Taylor & Francis Journal of Health Policy 2022 · ANVISA Brasil 2024 · e-Estonia Health 2024 · McKinsey Health Systems 2024 · AHIP 2024 · Contraloría Chile 2024 · Revista Panamericana de Salud Pública · Truthout / Scheerpost investigación 2024–2025.
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