Hay alguien en tu empresa que
sabe exactamente cómo resolver
el problema. No está en ninguna
junta donde se decide.Y en su lugar están los que venden humo, presentan bien y no han resuelto nada en meses. Gallup, MIT Sloan y Harvard ya calcularon cuánto cuesta eso. El número te va a doler.
Los empleados desconectados le cuestan al mundo $8.8 billones de dólares al año en productividad perdida — más que el PIB de Alemania y Japón combinados. La causa documentada no es la falta de talento. Es la falta de mecanismos para que el talento que existe llegue a las decisiones que importan. Y el vacío que deja lo ocupan los que saben vender la solución, no los que saben ejecutarla.
Me ha pasado más veces de las que puedo contar. Entro a una empresa con un problema que lleva meses sin resolverse — en fintech, en salud, en manufactura, en aviación. El problema se discute en juntas de directivos, se lleva a consultores externos, se presenta en powerpoints con matrices de riesgo y cronogramas de cuatro etapas. Y en algún momento, mientras reviso la operación real, encuentro a alguien — un analista, un coordinador, a veces un operador — que en quince minutos de conversación me describe el problema con una precisión que los meses de reuniones ejecutivas no habían alcanzado. Y también me describe la solución. Con el nivel de detalle de alguien que ha pensado en esto todos los días mientras nadie le preguntaba. Ese momento siempre produce la misma pregunta: ¿por qué esta persona no está en la sala donde se toman las decisiones? Y la respuesta, cuando se dice en voz alta, siempre es incómoda: porque la sala donde se toman las decisiones no fue diseñada para que la información correcta llegue — fue diseñada para que las personas correctas hablen.
Lo que pasa cuando el que sabe no está en la sala
Hay una forma de ver lo que Gallup llama "desconexión" que las estadísticas globales no capturan bien. No es solo que el empleado no está motivado. Es que el empleado dejó de intentar comunicar lo que sabe porque aprendió — a través de experiencias repetidas — que la información que tiene no cambia las decisiones que se toman sin él. El MIT Sloan documentó que las organizaciones con mejores prácticas de gestión del conocimiento mejoran la colaboración interdepartamental en un 40%. El reverso de ese dato es igual de importante: las que no las tienen pierden ese 40% en fricción, repetición y decisiones tomadas sin la información que habría cambiado el resultado.
Harvard Business Review publicó algo que pocos directivos quieren escuchar: la barrera número uno para que el conocimiento organizacional llegue a las decisiones correctas no es tecnológica — es política. La persona que sabe cómo resolver el problema frecuentemente no está en la sala porque alguien que sí está en la sala tiene un incentivo para que esa persona no esté. El conocimiento es poder en las organizaciones donde el poder se ejerce a través del control de la información. Y quien tiene acceso a las juntas de decisión frecuentemente lo tiene porque controla qué información llega — no porque tenga la mejor información.
El reporte de Bloomfire 2025, basado en seis meses de datos de 10,000 empleados en 115 empresas, calculó el valor potencial de optimizar el conocimiento organizacional: $685 millones recuperables en mayor engagement de la fuerza laboral, $384 millones en mejor calidad de decisiones y $106 millones en mayor motivación para desarrollar habilidades — en una sola empresa de referencia. Los empleados de esas empresas dedican el 21% de su jornada buscando información que ya existe y el 14% recreando información que no pudieron encontrar. Eso es el 35% del día laboral gastado en el problema que el conocimiento mal gestionado produce. No en producir. En buscar lo que ya existía.
Los que venden humo — y por qué el mercado los sigue comprando
Hay una pregunta que me hago cada vez que veo a una empresa que lleva meses pagando a un consultor externo por un problema que alguien adentro podría resolver: ¿por qué el consultor externo convenció al directivo de algo que el empleado interno no pudo?
La respuesta tiene tres partes. Primera: el consultor externo presenta mejor. Tiene el deck con las fuentes correctas, el vocabulario de la industria, los benchmarks comparativos y la confianza de quien ha tenido esa misma conversación con veinte clientes antes. El empleado interno tiene el conocimiento real pero no sabe empaquetarlo. Segunda: el consultor externo no tiene historial que lo limite. Cuando el empleado interno propone una solución, el directivo recuerda la última vez que ese empleado cometió un error. Cuando el consultor externo propone la misma solución, el directivo no tiene contexto negativo para filtrarla. Tercera y más importante: el consultor externo tiene un incentivo para que el problema tarde en resolverse. La solución rápida y simple termina el contrato. La solución compleja, de múltiples fases, con entregables periódicos y workshops de alineación — esa solución extiende la facturación.
IBM documentó que las empresas con prácticas sólidas de gestión del conocimiento interno tienen un 25% más de retención de clientes gracias a la velocidad de resolución de problemas. No por contratar mejores consultores. Por usar mejor el conocimiento que ya tienen. El consultor que llega desde afuera y en seis semanas "descubre" lo que el equipo interno sabía hace meses no descubrió nada. Encontró la presentación correcta para el conocimiento que estaba atrapado en las personas incorrectas.
El patrón en seis sectores — la misma historia, distinto nombre
Este no es un problema exclusivo de ninguna industria. Lo he visto en fintech regulado, en manufactura, en salud, en aviación, en retail y en instituciones financieras. El denominador común es siempre el mismo: alguien que sabe, una estructura que no le da acceso, y alguien que vende que sí tiene ese acceso.
$438 mil millones de dólares anuales solo en EE.UU. — no en el mundo, en un solo país. Gallup 2025 documentó que el engagement global cayó al 21%, con el manager engagement cayendo de 30% a 27% en un solo año. El costo no es abstracto: es el proyecto que tardó seis meses en lugar de seis semanas porque nadie hizo la pregunta correcta a la persona correcta. Es la decisión que se tomó con información incompleta porque el que tenía la información completa no estaba en la sala. Es el contrato que se firmó con el proveedor equivocado porque el que sabía cuál era el correcto no habló — o habló y no fue escuchado.
Gallup State of the Global Workplace 2025 · HRZone Analysis April 2025Por qué el que sabe no habla — y por qué el que no sabe sí habla
Hay una razón documentada por Amy Edmondson del Harvard Business School para que las personas que más saben sean frecuentemente las que menos hablan en organizaciones disfuncionales. La llamó "seguridad psicológica" — la percepción de que hablar no va a tener consecuencias negativas para quien habla. Edmondson documentó que los equipos con baja seguridad psicológica producen resultados significativamente peores en tareas que requieren conocimiento, colaboración e innovación — precisamente las tareas donde el conocimiento organizacional importa más.
El empleado que intentó decirle a su jefe que el proceso tenía un error y fue ignorado — o peor, cuestionado — aprendió una lección que no aparece en ningún manual de onboarding: hablar en esta organización tiene un costo mayor que el beneficio de ser escuchado. A partir de ese momento, hace su trabajo, sabe lo que sabe, y espera a que alguien le pregunte directamente. Si nadie le pregunta, la organización sigue sin esa información. Y el consultor externo que llega sin ese contexto negativo recibe la misma información con mucha más facilidad — porque el empleado no tiene razón para filtrar lo que le cuenta a alguien que no es su jefe.
"El experto que resuelve problemas reales no es el que habla más fuerte en la reunión. Es el que las personas llaman cuando la reunión termina y el problema todavía no está resuelto. Ese es el conocimiento que la organización necesita en la sala desde el inicio — no como recurso de emergencia cuando lo demás falló."— Jorge Mercado · #JMCoach · Coach Profesional ICF · CTO · Arquitectura Empresarial
Lo que cambia cuando se diseña para escuchar al que sabe
Las organizaciones que resolvieron esto no lo hicieron con una iniciativa de cultura. Lo hicieron con decisiones estructurales específicas sobre quién está en qué sala, con qué información, con qué autoridad para hablar. El MIT Sloan documentó que las organizaciones con prácticas avanzadas de gestión del conocimiento mejoran la colaboración interdepartamental en un 40%. Eso no es el resultado de talleres de team building. Es el resultado de estructuras donde el conocimiento fluye hacia las decisiones en lugar de quedarse atrapado en los procesos.
¿Cuándo fue la última vez que el director general habló directamente con alguien de la operación — sin filtros, sin intermediarios, sin agenda previa — sobre cómo funciona realmente el proceso que más preocupa al negocio? Si la respuesta requiere recordar cuándo fue, ya pasó demasiado tiempo.
¿Existe algún mecanismo formal para que el conocimiento operacional llegue a las decisiones estratégicas sin pasar por la jerarquía completa? Si cada insight tiene que subir por cinco niveles para llegar al consejo, llegará transformado en lo que cada nivel considera que el siguiente nivel quiere escuchar — no en lo que originalmente era.
¿Las personas que más saben de cada proceso crítico tienen voz en las decisiones sobre ese proceso? No consulta retroactiva — voz en tiempo real, antes de que la decisión esté tomada.
¿Cuánto del gasto en consultoría externa en el último año resolvió problemas que alguien interno ya había diagnosticado correctamente? Si la respuesta es "más de lo que me gustaría admitir", el problema no es de conocimiento — es de mecanismos para usar el conocimiento que ya existe.
¿La persona que más sabe de cada área crítica de tu empresa tiene el mismo nivel de acceso a las reuniones donde se decide el futuro de esa área que la persona con el título más alto en esa área? Si no — si el conocimiento y el acceso están en personas distintas — la organización está tomando sus decisiones más importantes con la mitad de la información que podría tener.
El $8.8 billones de Gallup no es el costo de contratar personas que no saben. Es el costo de contratar personas que saben y diseñar organizaciones que no usan ese conocimiento. El conocimiento está ahí. La pregunta no es cómo encontrarlo. Es si alguien está dispuesto a diseñar la organización para que llegue a donde importa — aunque eso signifique que las decisiones se toman con la información del que opera en lugar de la presentación del que vende.
Hay alguien en tu empresa que sabe exactamente cómo resolver el problema que lleva meses frenado el negocio. El primer paso para aprovecharlo no es crear un programa de innovación ni contratar una plataforma de gestión del conocimiento. Es hacer la pregunta correcta a la persona correcta — hoy, antes de la próxima junta donde se va a decidir contratar a alguien de afuera para que lo descubra.
Fuentes: Gallup "State of the Global Workplace 2025" · Gallup "State of the Global Workplace 2023" (reporte base $8.8T) · Bloomfire "The Value of Enterprise Intelligence Report 2025" (N=10,000 empleados · 115 empresas) · MIT Sloan Management Review · IBM Institute for Business Value · Harvard Business Review "Knowledge Management Statistics" 2026 · Amy Edmondson "The Fearless Organization" · Forbes "Gallup Says $8.8 Trillion Is The True Cost Of Low Employee Engagement" jul 2024 · HRZone "Gallup 2025 Employee Engagement Decline" abr 2025 · SHRM Knowledge Management Statistics 2026 · Forrester "State of Knowledge Management" 2025 · Deloitte Human Capital Trends 2025 · McKinsey "The Value of Getting Personalization Right — or Wrong" aplicado a conocimiento organizacional.
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